La Corte Constitucional Colombiana le dijo “no por ahora” al matrimonio gay

de Ag Magazine

El pasado jueves 12 de noviembre, la Corte Constitucional Colombiana decidió inhibirse, es decir, no pronunciar una sentencia de fondo, respecto a la aprobación del matrimonio entre parejas del mismo sexo, en razón a que consideró que la demanda con la cual se buscaba proteger el derecho a la igualdad de la población homosexual frente al matrimonio, no cumplía con los requisitos mínimos exigidos los cuales hacen referencia a la técnica y validez sustantiva de los argumentos presentados, enfatizados estos, en la claridad, la certeza, la especificidad, la pertinencia y la suficiencia con la que se demuestra la situación vulneratoria de los derechos fundamentales a la igualdad, al libre desarrollo de la personalidad y de la Constitución en general.

Pero esta no fue en sí la justificación para que la Corte se negara a resolver favorablemente la aprobación del matrimonio entre homosexuales, dado que, como lo manifiesta el demandante y abogado Felipe Montoya, la misma solicitud contaba con amplia documentación, intervenciones de diferentes organizaciones, académicos, ciudadanos e incluso la Organización de las Naciones Unidas, que ayudaban a sustentar la inconstitucionalidad del matrimonio permitido solo para heterosexuales según el Código Civil Colombiano.

La inhibición sostenida por la Corte, deviene del miedo y perturbación que causa al sector conservador y religioso del país, proteger derechos humanos que desestabilicen el poder de la iglesia y el fin principal del matrimonio consagrado en la procreación y mantenimiento de la especie humana, debate ya superado por tesis científicas y sociológicas que demuestran por medio de la reproducción asistida que no se necesita de una familia para ser padre o madre, o de la necesidad de la existencia del padre y la madre para promover el desarrollo socio-cultural del menor, como lo impone la visión heterosexista de la iglesia católica sobre la familia.

Pero qué queda después de este fallo. Primero, la inconformidad de la población LGBT, pues se siguen desprotegiendo derechos fundamentales, que en definitiva hubieran podido salvaguardarse, como lo escribe Mauricio Albarracín en su blog malbarracin: se aplazan derechos a una población que ha sido discriminada a través de la historia. Queda también la experiencia, la fuerza y la unión del movimiento social LGBT y de todas las personas que sin ser parte de organizaciones formales, militan por la defensa social y jurídica de los derechos humanos, de allí que pueda presentarse próximamente  una nueva demanda que con el peso de la anterior, pero con la acción colectiva del sector alcance a generar más opinión y debate público frente a la cuestión de privilegiar y reconocer la diversidad sexual aprobando el matrimonio entre parejas del mismo sexo. En segunda instancia queda una institución como la Corte Constitucional indiferente a la garantía de los derechos humanos de la población homosexual en Colombia, que aunque en otros pronunciamientos haya reconocido derechos civiles a la población LGBT, continúa respondiendo con su discurso, a legitimar la discriminación del sector conservador y religioso opresor Colombiano, sentencias ayudado por los medios de comunicación oficiales que fragmentan la información y sesgan la visión de la realidad social.

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